Palabras de Campos De Moya, Presidente de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), durante el Desayuno Temático con el Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Francisco Domínguez Brito

Los industriales dominicanos somos de la firme convicción de que el desarrollo sostenible de una nación se fundamenta en una mirada que equilibra metas de corto plazo, con metas de mediano y largo plazo. En este sentido, el desarrollo sostenible de una nación se fundamenta en una relación amigable con el medio ambiente, pero capaz de generar riquezas para mejorar la calidad de vida de las personas.

Es por esta razón que este encuentro tiene el valor de símbolo. Representa la voluntad que tenemos tanto el sector industrial como el Ministerio de Medio Ambiente, de fomentar ese necesario equilibrio entre cuidado del medio ambiente y actividades productivas.

En la Asociación de Industrias de la República Dominicana tenemos presente un conjunto de temas que quisiéramos compartir con nuestro distinguido invitado, el Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, convencidos de que el diálogo hace posible la confluencia de intereses que algunos pretenden presentar como opuestos, cuando en realidad son complementarios.

Empiezo indicando lo planteando por el Segundo Congreso de la Industria Dominicana,  en que una preocupación nuestra la constituyen los Informes de Cumplimiento Ambiental, lo cual consideramos una herramienta útil de verificación y supervisión por parte del Ministerio de Medio Ambiente. Sin embargo, los acuerdos alcanzados en el 2014 establecían que se iría ampliando el plazo conforme al cumplimiento de las empresas. Esto no se ha cumplido. Es una forma de reconocer a quienes se empeñan en respetar los parámetros establecidos –e incluso en muchos casos vamos más lejos-, pero también es una forma de reducir los gastos tanto para las empresas como para el propio Ministerio. Proponemos retomar estos acuerdos, incluso si es factible mejorarlos, de modo que las actividades productivas se vean favorecidas y el papel regulador del ministerio se consolide.

En el Congreso Nacional se encuentran en proceso un conjunto de iniciativas legislativas de mucho interés, tanto para el Ministerio que usted preside como para el sector que representamos. Entre ellas cabe mencionar: Proyecto de Ley de Aguas, Proyecto de Ley de Manejo de Residuos Sólidos, Proyecto de Ley de Ordenamiento Territorial y Uso de Suelo, Proyecto de Ley de Pagos por Servicios Ambientales, entre otras. Tanto los industriales como el Ministerio hemos participado en su discusión, hemos hecho nuestros aportes.

Sin embargo, consideramos que la cooperación entre el Ministerio de Medio Ambiente y el sector que represento no puede limitarse a la agenda establecida por nuestros legisladores, sino que hoy proponemos la conformación de una mesa de diálogo en que nos encontremos presentes el sector empresarial y el Ministerio, de modo que abordemos estas y otras iniciativas legislativas, visualicemos las implicaciones de normativas y reglamentos ambientales que afectan las actividades productivas, indiquemos espacios de colaboración entre el sector público y privado en este terreno, entre otros aspectos.

La AIRD ha estado trabajando también en los temas del cambio climático, eficiencia energética, reciclaje, valoración de los residuos sólidos como fuente de nuevas materias primas y, por lo tanto, fuentes de riqueza, etc., con lo cual nuestro mensaje es claro: somos proactivos en los temas ambientales, tanto por nuestro sentido de responsabilidad social como por el sentido de sostenibilidad de nuestros negocios.

Una muestra de nuestra preocupación por una mejora continua de los estándares ambientales en nuestras industria lo constituye nuestra participación en los Premios Producción Más Limpia, los cuales llegan este año a su cuarta versión y en los que se reconocen a empresas que implementan en sus procesos acciones para eliminar, minimizar o en última instancia, valorizar los residuos generados, y al mismo tiempo logren ahorros económicos, haciéndose más competitivos.

A todos los empresarios presentes, les invitamos a contemplar la posibilidad de participar.

Señor Ministro, en nuestro Código de Ética Industrial señalamos, cito: “al momento de desarrollar procesos productivos, el Sector Industrial procurará una armonización entre las necesidades de mantener una oferta sostenida, conforme los requerimientos de la demanda internacional, con el mantenimiento y mejora del medio ambiente, en provecho de una mejor calidad de vida para todos, en el presente y para generaciones futuras”. (Artículo 10).

Ese es, sin duda, nuestro compromiso. Hoy con mucho agrado le escucharemos, pues sabemos que usted, al igual que nosotros, queremos una mejor calidad de vida para todos, para las presentes y para las futuras generaciones. Es un compromiso del sector industrial.

Muchas gracias

Los encadenamientos productivos, clave de una política industrial moderna

Palabras de Campos De Moya, presidente de la Asociación de Industrias de la República Dominicana, Inc. (AIRD) en el 2do.  Foro de Encadenamientos Productivos

 

Miércoles 22 de febrero de 2017, 8:30 AM en el Hotel Jaragua

 

 

(Saludos)

Cuando desde el sector que represento hablamos de una política industrial moderna y, además, en constante revisión, hay algunos elementos que no pueden estar ausentes. Entre ellos, los encadenamientos productivos, un marco adecuado para la competitividad en un entorno de mercado abierto, la productividad basada en la innovación, y la internacionalización de las empresas. Esto, sin duda, permite que, como industriales, seamos capaces de crecer, competir, generar empleos de cada vez mayor valor agregado, fortalecer el mercado interno y conquistar nuevos mercados.

Hoy me referiré brevemente a los encadenamientos productivos los cuales buscan fomentar el enlace entre empresas que pueden beneficiarse mutuamente, ofreciendo sus capacidades y esperando ganar una mayor competitividad en el mercado. Se trata, pues, de negocios entre sectores o subsectores productivos, creación y/o fortalecimiento de los vínculos comerciales entre firmas que proveen bienes y servicios y firmas que los compran, en un ganar-ganar que incluye de algún modo a los competidores finales y, por lo tanto, que repercute en la competitividad.

En junio del año pasado firmamos, junto al Ministerio de Industria y Comercio, el Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación, ProIndustria y ADOZONA, a los cuales también se unió el CEI-RD, un acuerdo de alianza estratégica por el que nos comprometimos a promover los encadenamientos productivos entre la industria nacional y las zonas francas, seguros de que esto permite la integración de redes de negocios, comercio y de cadenas de valor agregado entre zonas francas e industrias establecidas en la República Dominicana. 

Me hago una pregunta ¿Cuáles son las ganancias que puede obtener una empresa suplidora al participar de este proceso de encadenamientos productivos? Hablo a partir de la experiencia de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD) al fomentar dichos encadenamientos entre las zonas francas y la industria local.

Enumero sólo algunas:

  • Identificación de las necesidades de los potenciales compradores y de quienes podrían suplir dichas necesidades.
  • Incremento de las ventas y de la sostenibilidad de las empresas locales.
  • Observación de estándares internacionales que satisfagan los requerimientos de quienes compran para el mercado extranjero.
  • Ruedas de negocios “Business to Business” (B2B) que hacen posible establecer ese tejido que son los encadenamientos. En el 2016 se realizaron tres de estas ruedas de negocios, con la participación de más de 100 empresas en total y más de 600 reuniones de negocios entre ambos subsectores de la economía dominicana (industria local y zonas francas).
  • Disminución de los costos para las empresas de zonas francas que participan de estos encadenamientos.

La AIRD se propone este año presentar una propuesta de modificación del marco legal y un conjunto de medidas que favorezcan los encadenamientos productivos en República Dominicana. Además, nos proponemos continuar con los encuentros de negocios con una meta: vincular al menos 1,000 empresas.

Nuestro proyecto contempla la asistencia técnica a varias empresas que lo requieren para que estos encadenamientos sean exitosos. Es un camino también clave para la pequeña y mediana industria.

Animamos a los industriales dominicanos a visualizar los encadenamientos productivos como una estrategia clara que favorece su eficiencia y promueve relaciones comerciales de largo plazo, que permite producir a una mayor capacidad o incrementar la capacidad instalada y que abre puertas a nuevos mercados.

Se trata de posibilidades de negocios cercanas a los US$4,000 millones, que es lo que constituyen aproximadamente las importaciones de zonas francas. Ganan las zonas francas y ganamos nosotros, gana el país, si trabajamos unidos y con visión estratégica.

Los encadenamientos productivos, parte de una política industrial moderna y proactiva.

 

Muchas gracias.

 

 

 

Palabras de Campos De Moya, Presidente de la AIRD en el Coctel con motivo de la presentación de las Memorias de Gestión 2015-2016 y la nueva Directiva 2017-2018

Compartir, rendir cuentas y plantear expectativas

Nos encontramos para compartir, rendir cuentas de nuestro trabajo durante dos años, agradecer, y reflexionar sobre algunas expectativas.

Esta noche hemos presentado un audiovisual que constituye un excelente resumen de nuestra rendición de cuentas. A pesar de recoger una parte significativa del quehacer de la AIRD en el período 2015-2016, les puedo asegurar que es solo un resumen del arduo trabajo llevado a cabo por la Directiva de la AIRD y nuestro equipo de trabajo durante estos dos años. Hoy presentamos también las memorias impresas de nuestra primera gestión al frente de la  institución, las cuales contienen más detalles que les invitamos a conocer y valorar.

Una manifestación de agradecimiento la constituye el reconocimiento que acabamos de hacer a nuestro amigo Gabriel Del Río Doñé, un líder sindical que ha dignificado la concertación laboral y esa cultura de diálogo en que nos hemos empeñado como institución durante largos años. En él debemos reconocer a los demás líderes sindicales que siempre han estado prestos a la concertación de una agenda productiva.

La ocasión es propicia también, además de compartir, para dar gracias a quienes han hecho de la causa industrial su causa. Empezando por nuestros propios socios con los cuales definimos prioridades, establecimos estrategias, y día tras día recibimos su apoyo. Igualmente a quienes me acompañaron durante estos dos años en el trajinar del sector empresarial en otras asociaciones empresariales y en el CONEP. De modo especial debo agradecer a mi Directiva Nacional y a mi Comité Ejecutivo, quienes nos ayudaron a conducir en la cotidianidad nuestras luchas y esfuerzos. No puedo dejar de mencionar al equipo técnico de la AIRD.  Para todos ellos, pido un aplauso.

También quiero reconocer la labor de los medios de comunicación. Con sus puertas abiertas como canales para que las inquietudes, propuestas y dificultades del sector industrial formaran parte de la agenda nacional, facilitando así que otros actores pudieran entender nuestras posiciones y, sobre todo, que la población dominicana valore cada vez más su industria, en donde cientos de miles de dominicanos se ganan honradamente la vida. Así mismo, debo agradecer la apertura y disposición de cada uno de los funcionarios con los que hemos tenido la oportunidad de trabajar durante estos dos años. A pesar que no siempre hemos tenido 

Finalmente, en este compartir y dar gracias, quiero dirigirme a quienes han aceptado conducir conmigo la Asociación de Industrias en los próximos dos años. Han visto que el reto es duro, no es fácil, pero sé que la labor de equipo de hemos dado muestras nos augura nuevos éxitos. Les doy las gracias por su disponibilidad y estoy seguro que cada uno dará lo máximo de sí por lo cual me siento confiado, tranquilo, ante los desafíos que nos esperan.

En los cinco años transcurridos desde el Segundo Congreso de la Industria Dominicana, hemos avanzado. El marco ha variado, a pesar de importantes trabas que permanecen en el entorno, creemos que el sector industrial es hoy más fuerte, competitivo, capaz de impulsar la bandera de las exportaciones. A esto ha contribuido el trabajo conjunto entre el sector público y privado, de empresarios dispuestos a invertir capitales en el desarrollo de sus empresas y capaces de innovaciones permanentes, así como preocupados por mejorar la calidad del empleo que generan sus empresas y de incrementar el empleo formal.

Es por eso que quisiera externar algunas reflexiones que constituyen parte de nuestras expectativas para los próximos años.

Somos conscientes de la necesidad que tenemos de reorientar algunos retos, de plantear nuevas salidas. Somos conscientes de que el entorno internacional ha seguido cambiando rápidamente. Estamos frente a balances que nos indican la existencia de nuevos problemas, así como la persistencia de otros (el eléctrico, por ejemplo). Algunas áreas están en proceso de redefinición, como el área de las relaciones laborales y de la seguridad social, pero sobre todo nos encontramos a la puerta de avanzar en lo que se ha dado en llamar “revolución industrial” que nos enrumbe hacia el camino de la innovación y el desarrollo de nuevas tecnologías.

La industria dominicana –como toda nuestra sociedad- se encuentra frente a grandes desafíos, en un entorno donde el tema del conocimiento será dominante y donde aspectos como el internet de las cosas estarán presentes en los debates, por ello, en el 2017 nos hemos propuesto realizar el 3er. Congreso de la Industria Dominicana, en el que trazaremos la agenda del sector industrial para los próximos 5 años.

5 años vendrán en donde deberemos contar con una plataforma institucional que nos permita dar el salto hacia la 4ta revolución industrial, con reglas de juego claras y continuas, pero sobre todo que parta de una visión de desarrollo del Estado y de los sectores productivos. En el entorno de la globalización, se nos está haciendo un poco tarde para impulsar los cambios que requerimos, por eso los próximos años serán decisivos para nuestro sector y nuestra institución. 

Creo que será posible no sólo trabajar juntos con el sector público, sino trabajar en equipo, es decir: con la capacidad de visualizar un horizonte común, en el que cada cual juega su papel.

También creo posible que –respondiendo precisamente a la tendencia de la Cuarta Revolución Industrial de inmensos encadenamientos y sistemas- podremos avanzar aún más hacia el trabajo de integración con otros sectores de la economía: turismo, zonas francas, agropecuaria e incluso banca y servicios.

Creo posible una sociedad donde el producir sea orgullo, el HechoenRD una meta que se amplía, el bienestar de vida de la población más pobre mejore en base a la generación de empleos de mayor valor agregado, educación de calidad e institucionalización del país.

El ejercicio que haremos en el próximo año tiene mucho de esto: visualizarnos como nación y como economía en los próximos cinco años y poner manos a la obra.

 

Muchas gracias.

Palabras de Campos De Moya, Presidente de la AIRD, en el Almuerzo Anual Aniversario 2016


Jueves 17 de noviembre de 2016, 12:30 p.m. Teatro La Fiesta, Hotel Jaragua

Sin ninguna duda todos los dominicanos soñamos con hacer de República Dominicana un país con mayores oportunidades y menores desigualdades. Todos soñamos con un país mejor.

En estos casi dos años que he tenido el honor de presidir la AIRD, uno de los aprendizajes alcanzado es que somos un país con múltiples miradas y voces, pero todas enfocadas en trabajar por el bien de nuestra nación.

Este año 2016 ha sido un año convulso para el mundo. Acontecimientos que nos incitan a reflexionar sobre hacia dónde vamos como país y cómo debemos conducirnos todos los actores de la sociedad. Nos preocupa observar cómo el mundo ha venido transitando hacia posiciones irreconciliables, cayendo con facilidad en estereotipos descalificadores y en conflictos que solo provocan enfrentamientos y mayores desigualdades. Sin embargo, debemos sentir orgullo de que en nuestro país las ideas, creencias y realidades distintas tienen cabida y de que a pesar de nuestras diferencias tratamos siempre de encontrar coincidencias y de evitar los conflictos que nunca generan valor.

Las circunstancias internacionales nos deben llevar a reflexionar sobre la importancia de mantener la cultura de diálogo entre los sectores de la sociedad, que existe en nuestro país, propiciada por el gobierno y de llegar a acuerdos, aunque no sean satisfactorios para todos. Esa cultura, que no existe en todos los países, es algo de lo cual debemos sentirnos orgullosos.

Dialogar en forma constructiva con la sociedad requiere estar dispuestos no solo a escuchar, sino también a expresar nuestras posiciones de forma clara, respetuosa, honesta y transparente.

En la AIRD hemos trabajado fuertemente en la construcción de espacios para la generación de ideas, contenidos y propuestas. Hemos abierto puentes para el diálogo. Diálogos que nos han permitido construir espacios con instituciones públicas y privadas, que han dado cabida a largas horas de trabajo conjunto y resultados positivos que debemos multiplicar.

Reitero que reconocemos en nuestras autoridades su disposición al diálogo y su valoración del aporte del empresariado y esperamos pronto llegar a acuerdos para resolver los problemas estructurales que tenemos como nación. Sabemos que no es una tarea fácil, pero estamos convencidos de que nos encontramos en el mejor momento para construir juntos las soluciones a los problemas fundamentales de nuestra sociedad.

Los gremios empresariales sabemos que nuestro rol no es de diseñar políticas públicas, pues ese es el rol de las autoridades. Nuestro rol consiste en tomar desde las empresas ideas y hacer propuestas para ponerlas a disposición de quienes deben diseñarlas. Nuestras ideas y preocupaciones solo tienden a buscar el mejor interés para nuestra nación.  Pues estamos convencidos de que la actividad agroindustrial e industrial no solo es la que genera mayores fuentes de trabajo formales, sino la que produce lo nuestro, lo hechoenRD, que ahorra y genera divisas gracias a la producción de bienes y a las exportaciones y  contribuye a través de sus impuestos a que el Estado pueda brindar los servicios públicos a la sociedad.

Es probable que nuestras posiciones no sean populares cuando hablamos de temas fiscales o laborales. Pero nuestro desafío es que los planteamientos estén siempre bien fundados y que solo procuren el interés general del sector.

Creemos que es necesario desarrollar un sector industrial cada vez más fuerte y competitivo, que compita sobre la base del cumplimiento de la ley y de la ética, no de la desigualdad y de la evasión. Es por esta razón que nos empeñamos en presentar propuestas que garanticen reglas claras y fáciles de cumplir, pues el mayor enemigo del sector industrial formal y de la inversión es la competencia desleal y la debilidad institucional.

Hemos insistido, con voz clara y sin dobles intenciones, que lo que hemos construido entre todos es bueno y que podemos mejorarlo. Precisamente para conservar lo bueno, debemos tener la fuerza y el liderazgo para plantear con argumentos sólidos nuevas propuestas y defender lo que creemos no se debe cambiar.

Estamos convencidos de la importancia y los efectos positivos que produce que nuestra economía crezca todos los años, pero el gran desafío debe ser cómo hacer crecer más a los sectores que nos garanticen una mayor productividad, equidad social y crecimiento sostenible.

Los industriales hoy más que nunca ponemos al servicio del país nuestro trabajo y nuestra vocación por el desarrollo económico y social, pues ser industrial es una vocación, que se construye con trabajo, con visión y sobre todo, con pasión.

Hoy, en este almuerzo con motivo del 54 aniversario de la AIRD, en el que contamos con la honrosa presencia del Presidente Danilo Medina, autoridades y dirigentes empresariales, sindicales y sociales y en el que tendremos el privilegio de escuchar las experiencias y reflexiones de un admirado empresario agroindustrial como don Julio Brache Arzeno; quiero hacer una invitación a todos los presentes para que la ruta del diálogo que hemos construido juntos y que el gobierno ha propiciado, arroje sus frutos cuanto antes y que sin prejuicios y estigmas podamos construir mayores y mejores oportunidades de desarrollo y bienestar para los dominicanos.

Señor Presidente, como una muestra de nuestro respeto y respaldo al diálogo, queremos invitarlo a acompañarnos en este escenario para que forme parte del reconocimiento que hace la AIRD a 4 personas que ejemplifican y motorizan el diálogo público y privado en el país. Nos referimos a Monseñor Agripino Núñez Collado, Andrés Navarro, Magdalena Lizardo y a César Dargam.

Venga Señor Presidente y distinguido amigo, acompáñenos a reconocer cuatro ciudadanos que hacen honor a la palabra “diálogo”.

Muchas gracias!

Conferencia Dr. Julio Brache Arzeno: “Cinco retos de la industria dominicana para alcanzar el desarrollo sostenible”. Almuerzo Anual Aniversario 2016


CINCO RETOS DE LA INDUSTRIA DOMINICANA PARA ALCANZAR EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Por: Dr. Julio A. Brache Arzeno

Excelentísimo Señor

Lic. Danilo Medina

Presidente Constitucional de la República Dominicana

 

Excelentísima Señora

Dra. Margarita Cedeño de Fernández

Vicepresidenta Constitucional de la República Dominicana

Señor

Lic. Campos De Moya

Presidente

Asociación de Industrias de la República Dominicana

Distinguidos Miembros de la Mesa Principal

Apreciados Empresarios

Señoras y Señores

Agradezco de todo corazón la invitación que ustedes me han hecho para participar como orador en este almuerzo dentro del marco de la celebración del 54 aniversario de nuestra Asociación de Industrias de la República Dominicana.

Es un honor que valoro mucho pues hace ya más de medio siglo que nuestra empresa ha venido participando en las importantes actividades de esta institución que ha tenido por norte no solo la defensa de los intereses empresariales, sino también el compromiso con el desarrollo del país.

Hablaremos de Cinco retos de la industria dominicana para alcanzar el desarrollo sostenible. Lo hago complacido porque si algo ha caracterizado mi carrera empresarial y la historia de nuestra empresa ello ha sido la constante superación de retos y obstáculos en escenarios cambiantes, tanto nacionales como internacionales.

Espero, por ello, que mis palabras sirvan de estímulo tanto a los jóvenes industriales que comienzan sus carreras o continúan con los negocios de sus progenitores, así como a los empresarios industriales más maduros (muchos, aquí presentes) que han sabido luchar contra viento y marea para desarrollar sus empresas, poniendo a disposición del público productos de buena calidad a precios competitivos.

Por eso deseo compartir con ustedes una anécdota personal y, de entre las muchas posibles, pienso que podría interesarles escuchar cómo nos iniciamos en el negocio de la leche, algo inesperado para mí pues en mi juventud yo no pensaba en otra cosa aparte de ser un médico cirujano de profesión.

Mi vida profesional comenzó a cambiar a raíz de un viaje que hice en 1960 a Río San Juan en el cual se me ocurrió comprar seis vacas al ganadero Miguel Balbuena, las cuales tuve que alojar en la finca de Don Cucho Álvarez Pina, el abuelo de mi querida esposa Elsa. Esa finca colindaba con la carretera que lleva a San Cristóbal y, como por allí transitaba “el Jefe”, Don Cucho me dijo “yo te presto la finca para que pongas tus vacas pero tienes que tener una buena cerca porque yo no quiero que un animal de esos se salga y haya un accidente, porque ahí si se nos pone la cosa fea”.

Como era de esperar, las vacas empezaron producir leche, la cual buscaba en bidones hasta nuestra casa, y desde allí Elsa la distribuía de puerta en puerta con un ayudante en el vecindario. Su fórmula de mercadeo era: “compre ahora y pague después”.

No tengo que decir que nos entusiasmamos rápidamente con el negocio y con la ganadería. Por ello, tan pronto nuestros ingresos nos lo permitieron, compramos una finca en Villa Mella en donde empezamos a criar ganado lechero. También compramos un triciclo para expandir la distribución más allá del vecindario.

El negocio iba bien hasta que estalló la guerra civil en 1965. Ahí apareció nuestro primer reto: la cosa se puso difícil y empezó a sobrar leche. Entonces a Elsa se le ocurrió aprovechar esos sobrantes y aprendió de inmediato a hacer quesos que también vendía en el vecindario.

Para entonces, ya yo tenía contactos con otros ganaderos y con ellos hablaba ocasionalmente de crear una empresa pasteurizadora de leche pues la que entonces existía, la Central de Lechera, no daba abasto en la capital y, además, nos pagaba muy lentamente a los suplidores. Yo pensaba que integrándonos verticalmente mejoraríamos nuestro negocio.

Primero pensamos en asociarnos en una cooperativa, pero cuando vi que ese esquema no funcionaba retiré mi inversión y me dediqué con otros amigos ganaderos a constituir una compañía por acciones que se llamó, y todavía se llama, Pasteurizadora Rica.

Si alguien me hubiera dicho entonces que la empresa crecería tan rápidamente hasta obligarme a abandonar la medicina en 1971 para ocuparme de su administración, yo no lo hubiera creído.

Pero así fue, y tuve que hacerlo para enfrentar muchos desafíos y obstáculos que no voy a mencionar ahora para no alargar demasiado este discurso, pues debo empezar a hablar de los temas que me han propuesto desarrollar a continuación, esto es, cinco de los varios retos que tiene la industria dominicana hoy para alcanzar el desarrollo sostenible.

A mi modo de ver, esos retos son los siguientes:

Primero, el reto generacional y tecnológico; segundo, el reto de la gobernanza corporativa; tercero, el reto de la apertura de los mercados; cuarto, el reto exportador; y, quinto, el reto del marco institucional.

Hay muchos retos más, pero creo que estos resumen varios de los desafíos más urgentes que confronta el sector industrial hoy. Veamos:

EL RETO GENERACIONAL Y TECNOLÓGICO:

La industria dominicana, cuando se la compara con la de los países desarrollados, es una industria joven de menos de seis décadas porque casi todas las industrias dominicanas son posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Antes de ese período, las pocas industrias importantes existentes eran los ingenios azucareros, una fábrica de fósforos, una de jabón, una de pastas alimenticias, una cervecería, varias fábricas de cigarros y cigarrillos, algunos aserraderos y unas pocas plantas de bebidas carbonatadas. Las demás llamadas industrias eran apenas talleres artesanales de pocos empleados y muy baja inversión.

Esto quiere decir que muchos de los que estamos aquí esta tarde hemos visto nacer y crecer más del 90 por ciento de la planta industrial dominicana, pues la mayor parte de las empresas que existen hoy nacieron en fecha muy posterior a la Era de Trujillo. Casi todas son de sustitución de importación, aparte de las existentes en las zonas francas que ensamblan productos para la exportación.

Pues bien, la mayoría de esas empresas fueron creadas y levantadas por una generación que ya está en camino de ceder su puesto a otros más jóvenes que deben llevar los negocios hacia nuevos horizontes.

Veo con mucha complacencia que muchos de nuestros principales empresarios industriales entendieron temprano que sus hijos, sobrinos y parientes más jóvenes debían estudiar negocios, finanzas y tecnologías para sustituir a los fundadores cuando llegara la hora.

Creo que si algo caracteriza a muchas familias industriales dominicanas es tener clara conciencia del valor y utilidad de la educación para formar los recursos humanos, dentro de la familia, que harán posible el relevo generacional. Las que han podido han enviado sus hijos al exterior a formarse en buenas universidades.

Otras han aprovechado los programas universitarios existentes en el país y las escuelas de negocios especializadas para entrenar a los cuadros más jóvenes.

Las que no lo han hecho, o están tardando mucho en hacerlo, están padeciendo de atraso gerencial o tecnológico, y están viendo las señales de que su desarrollo está dejando de ser sostenible a medida que sus competidores se modernizan se hacen más competitivos.

El reto generacional es un desafío presente y muy visible. La empresa que desee mantenerse en el escenario económico del país está obligada a educar, capacitar y entrenar a sus cuadros más jóvenes, sean éstos parientes de sus fundadores o no.

EL RETO DE LA GOBERNANZA CORPORATIVA:

Relacionado con el anterior, este es también uno de los temas a enfrentar que tiene la industria dominicana por delante, pues en la medida en que las empresas van creciendo y las necesidades de capital van obligándolas a buscar inversionistas externos, en esa misma medida se hace cada vez más necesario establecer mejores y más transparentes normas de administración con mayor reparto de responsabilidades gerenciales y administrativas.

Hace cincuenta años, cuando la moderna planta industrial dominicana comenzaba a desarrollarse, casi la totalidad de las empresas eran unipersonales o unifamiliares. Aunque casi todas tenían una estructura legal de compañías por acciones, lo cierto era que las decisiones las adoptaban el dueño o los pocos dueños sin tener que realizar muchas consultas.

Eso ha ido cambiando, pero tal vez no con suficiente rapidez como para decir que la industria dominicana se maneja hoy con los protocolos existentes en los países más desarrollados.

Obstaculiza ese cambio la escasa legislación normativa del país, derivada del hecho de que la mayoría de las industrias dominicanas son empresas familiares, lo cual ha contribuido a que no se haya desarrollado un mercado de valores que permita la libre entrada y salida de los inversionistas a los capitales de las empresas.

Tal vez estoy diciendo algo que inquiete a algunos de los presentes que, con todo derecho, no desearían darle entrada a sus negocios a inversionistas anónimos, pero debo señalar que una de las cosas que ha permitido la expansión del capitalismo (en el cual creemos todos los aquí presentes), ha sido la posibilidad de contribuir al crecimiento de las empresas por vía de la capitalización abierta mediante la oferta de acciones a los que deseen participar en el mercado y sean aceptados por los empresarios.

A mí me parece que las empresas industriales dominicanas están abocadas, al igual que ha ocurrido ya con los bancos y demás instituciones financieras, a involucrarse en un proceso de reorganización de sus estructuras de dirección para ir moviéndose hacia el gobierno corporativo de las mismas.

La experiencia muestra que los gobiernos corporativos tienden a hacer más transparentes las operaciones y hacen más atractivas a nuevos inversionistas a las empresas, necesitadas de capital.

Quiero pensar que esas transformaciones llegarán muy pronto. Y las mismas solo serán posibles siempre que exista un marco legal e institucional adecuado para ello. De eso hablaremos un poco más adelante.

EL RETO DE LA APERTURA DE LOS MERCADOS:

Aunque a algunos nos resulte embarazoso debemos reconocer que la industria dominicana, en general, ha sido una industria protegida. Por ejemplo, casi nadie recuerda que los ingenios azucareros que nacieron a finales del siglo 19 lo hicieron protegidos por una serie de leyes de franquicias agrarias.

Algunos de ustedes sí deben recordar que las principales industrias creadas durante la Era de Trujillo surgieron bajo el amparo de los llamados contratos de concesiones especiales con el Estado.

Más adelante, a partir de la promulgación de la Ley No. 4, promulgada por el Triunvirato, muchas nuevas empresas de sustitución de importación gozaron de una alta protección que fue ratificada y expandida, luego, por la Ley de Incentivo y Protección Industrial No. 299, promulgada en 1968.

Reconozcamos, pues, que muchas de las más importantes industrias nacionales son hijas de esas leyes o de otros esquemas de protección arancelaria y no arancelaria.

¿A dónde quiero yo llegar recordando esas raíces de nuestro moderno desarrollo industrial?

Pues, sencillamente, a que las cosas han estado cambiando desde las reformas de los años 90 del siglo pasado cuando se desmontaron muchos esquemas de protección arancelaria, y ya sabemos cómo los industriales tuvimos que reinventarnos y transformarnos para sobrevivir a la avalancha de productos importados que siguió a continuación.

Esa experiencia, a la que, por suerte, sobrevivimos la mayoría, nos dice que en la medida en que la globalización se ha ido acentuando, y los mercados han ido abriéndose, será cada vez más difícil para las industrias maduras contar con la protección fiscal para incentivar su crecimiento.

Por lo tanto, la industria dominicana tiene hoy ante sí el gran reto de la apertura de los mercados dentro de unos esquemas arancelarios que si algo prometen es mayor competencia internacional y mayor competencia en el frente interno.

Ante ese reto de la apertura de los mercados, entonces, ¿qué hacer? La respuesta es: enfrentar el reto exportador.

EL RETO EXPORTADOR:

Para hablar de este tema permítanme volver a mis comienzos como industrial. En aquellos tempranos años el país vivía dentro de cierta estabilidad cambiaria. Había fluctuaciones en el valor de la moneda, pero pequeñas y, como todos ustedes recuerdan, los márgenes eran igualmente pequeños. Un dólar, cuando se ponía caro, costaba un peso con cinco centavos. ¡Un peso con cinco centavos! No cuarenta y seis pesos como ocurre hoy día.

Sin entrar a explicar las causas de la continua depreciación monetaria que todos aquí conocemos, sí podemos decir que este medio siglo ha sido un período de continuos y obligados ajustes de costos y, hay que decirlo también, de muchos dolores de cabeza.

La caída del peso han llevado a las empresas dominicanas a enfrentar la devaluación por la vía del aumento de los precios y eso ha costado también numerosas mortificaciones a nuestras autoridades monetarias desde el 1966 hasta la fecha.

El resultado ha sido, como todos sabemos, una espiral inflacionaria que las autoridades han tratado de controlar en base a grandes sacrificios.

Por eso la pregunta que algunos se hacen es: ¿hasta cuándo pueden resistir las empresas el ir aumentando sus precios para cubrir sus costos crecientes sin quedar fuera del mercado?

Aunque no tenemos una respuesta a esa pregunta que aplique a todas las industrias, sí creemos que para muchas la lección es clara: hay que producir dólares.

Cuando en el país teníamos un tipo de cambio estable, Rica se contentaba con el mercado interno e importaba sin mayores problemas el concentrado de algunos de sus jugos y otras materias primas. Pero, luego, con la creciente depreciación de la moneda, se hizo cada vez más evidente de que teníamos que buscar mercados en el exterior.

No somos los únicos que hemos enfrentado ese reto de esa manera. Cientos de productores industriales y agropecuarios han aprendido la lección y han ido convirtiéndose en exportadores.

Unos envían sus productos hacia Haití, otros hacia las islas del Caribe, y otros más exportan hacia Estados Unidos y Centroamérica aprovechando los tratados de libre comercio. Más todavía, tenemos también empresarios que se han volcado hacia las zonas francas, cosa impensable hace treinta años.

¿Qué significa esto?

Pues, que muchos empresarios han descubierto que exportar ayuda a enfrentar la devaluación y protege de la inflación. El Estado también lo ve así y por ello ha insistido durante años en que aprovechemos los servicios del Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (CEI-RD, antiguo CEDOPEX).

Durante varias décadas exportar fue una tarea muy difícil debido a las numerosas trabas administrativas que existían, las cuales han ido desapareciendo, aunque todavía quedan algunas.

Obstaculizaba también las exportaciones el hecho de que en ciertos periodos el país tenía una tasa de cambio sobrevaluada que encarecía nuestros productos en el exterior. Ambos obstáculos han venido cediendo y reconocemos que ahora es posible exportar con mayor facilidad y mayor rentabilidad que hace quince o veinte años.

Con todo, exportar sigue siendo un reto. Los grandes países que compran nuestros productos todavía mantienen barreras arancelarias y no arancelarias a través de sus controles sanitarios o de las cuotas que limitan la entrada de nuestros productos.

Por ello creo que el sector privado no puede enfrentar solo este reto. El Estado debe venir en apoyo.

Conviene al Estado que la República Dominicana amplíe sus exportaciones. Esta debería ser la gran meta nacional: que la economía nacional sea una economía fundamentalmente exportadora.

Los industriales y demás empresarios estamos haciendo nuestra parte. Necesitamos, señor Presidente, de mayor apoyo estatal para reconvertir la economía y la industria nacional, y hacer que de importadores netos nos convirtamos en una nación de exportadores.

Es largo el camino, lo sabemos, pero ya hemos comenzado. Ahora tenemos que diseñar un programa de incentivo a las exportaciones similar al que hizo posible la creación de una planta industrial de sustitución de importaciones hace cuatro décadas. Pero para ello, creo yo, tenemos que enfrentar juntos lo que aquí, en la Asociación de Industrias, llamamos el reto del marco institucional

EL RETO DEL MARCO INSTITUCIONAL:

Señor Presidente, señoras y señores:

Para que una política industrial sea eficaz debe tener un marco institucional fuerte y estable que brinde seguridad jurídica a las inversiones y que facilite el crecimiento de la industria dominicana. Ese marco institucional es una responsabilidad fundamental de los gobiernos y debe ser apoyado con propuestas y planteamientos del sector privado.

Este reto es, por lo tanto, un reto fundamentalmente gubernamental, en el que nosotros, como sector privado, estamos obligados a realizar nuestros aportes, a plantear nuestras necesidades y a revelar las condiciones de competitividad en las que estamos inmersos.

El Estado no es el principal jugador en los negocios, pero es quien define con claridad las condiciones y reglas de juego al interior del país y quien negocia, en nombre del país y de sus sectores productivos, las reglas que tienen que ver con la competencia internacional.

Sin el apoyo de los gobiernos la reindustrialización a la que aspiramos es imposible. Son los gobiernos los que pueden disminuir las trabas burocráticas que entorpecen muchos procesos de la industria.

Es desde los gobiernos que se pueden tomar medidas para abaratar el financiamiento y fortalecer los incentivos a la investigación y al desarrollo. Es desde los gobiernos desde donde se pueden tomar iniciativas como reducir los impuestos a los combustibles tradicionales o incentivar aún más el uso de energía y combustibles alternativos.

Es desde los gobiernos desde donde se pueden mejorar considerablemente las condiciones para hacer negocios.

Por ello, aprovecho esta tribuna frente al Presidente de la República y las demás autoridades presentes para motivarlos a que contribuyan a establecer en el país una nueva política industrial que nos permita hacer los cambios estructurales que necesita el sector para continuar su contribución al desarrollo del país.

 

Amigos y amigas:

Soy de los que piensan que cada actor debe jugar su rol. Y estoy consciente de que, para que un país pueda contar con instituciones fuertes, es necesario fortalecer el liderazgo político y empresarial, y potenciar ambos hacia el crecimiento continuo de nuestra nación.

Un liderazgo político y empresarial que catapulte al país hacia la transformación nacional, el fortalecimiento de las actividades productivas, las nuevas tecnologías, reforzando las capacidades de gestión de políticas industriales y fortaleciendo cada día más el dialogo público-privado.

Queridos Industriales:

Los retos que  hemos descrito no son los únicos que confronta hoy el sector industrial dominicano.  Hay otros, tal vez de mayor envergadura, como la necesidad que tenemos de contar con un sistema eléctrico bien coordinado y confiable que nos permita competir en igualdad de condiciones con aquellos países con quienes hemos firmado tratados comerciales.

Pero como el tiempo disponible para estas palabras está terminando, solo me resta exhortar a todos los industriales nacionales a continuar modernizando sus empresas, orientando su mirada hacia los mercados exteriores y no descuidar el ejercicio de la responsabilidad social empresarial que, como sabemos todos, es también uno de los pilares del desarrollo sostenible.

Muchas gracias

Noviembre 17 del 2016

Santo Domingo, D. N.

 

Palabras de Clausura Circe Almánzar Melgen, Vicepresidenta Ejecutiva de la AIRD

Congreso Internacional “Perspectivas de la Formación de Docentes” del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional, INFOTEP

22 de septiembre de 2016

Este Congreso ha sido de un valor extraordinario para los que dirigen centros con este tipo de formación tan importante para el desarrollo de nuestros pueblos.  

Temas como la “Transformación de la práctica pedagógica: impacto en el proceso de formación para la inserción laboral”; “Metodologías de Enseñanza y Aprendizaje”; “Las TIC como apoyo y calidad en la labor docente”; “Desafíos del docente de la formación técnico profesional de cara al siglo XXI”, son aspectos que indudablemente requieren reflexión y requieren búsqueda como la que ha supuesto este evento.

El principal recurso con que cuenta y en que se sustenta el ser y quehacer de las instituciones educativas, incluyendo las de formación técnico profesional, es sin dudas el conocimiento y la capacidad para reproducirlo y hacerlo disponible a otros. Y en ese sentido se convierte en clave la formación de los formadores, con la calidad suficiente para responder acertadamente a los retos de una economía que ya no depende de las máquinas, que usa la tecnología y tecnología de avanzada y que tiene en el conocimiento, precisamente, su mayor valor agregado.

Si bien es cierto que esto no es exclusivo de la educación técnico profesional ya que en todos los niveles el docente es un punto clave, quiero hacer énfasis en el impacto del tipo de educación que hoy nos convoca porque como parte de la AIRD recibo a menudo las quejas de los que envían a sus trabajadores a mejorar su capacitación y regresan diciendo que el docente no tenía mucho que ofrecer, que su calidad no era de altura, que no siente pasión por lo que enseña o porque no aparenta vivir la vocación de un maestro o que no conoce de las nuevas tendencias y tecnologías! 

Pero también recibo con frecuencia retroalimentación que me alegra, pues escucho a muchos empresarios hablar de cómo mejoró el performance, el desempeño de un trabajador, gracias a una experiencia en nuestro INFOTEP o en uno de sus centros asociados que le enriqueció substancialmente el know how de su oficio o profesión, que ahora tienen más conciencia de lo que hacen, que se han podido formar equipos productivos. Sin embargo, esto último no hubiese sido posible sin docentes motivados, capacitados, supervisados, con las competencias necesarias para la labor que se les ha encomendado.

Hay dos experiencias que he tenido recientemente con el tema de la formación técnico profesional: su valor en el desarrollo económico y social y la educación técnica a la par con la del nivel universitario en el desarrollo de competencias para el empleo. 

Desde nuestra posición en la Junta de Directores del INFOTEP, valoro muchísimo iniciativas como estas y exhorto a la Dirección General y a todo el staff ejecutivo de nuestra institución que se ha convertido en buque insignia, a fomentar encuentros como este como una vía de incrementar la conciencia y el valor de mejorar las habilidades docentes en el ejercicio de una enseñanza en la que se aprende haciendo.  Y no se aprende en el momento, se aprende a aprender para toda la vida!

Los institutos de formación técnica tienen la capacidad suficiente para profundizar en el ser innovador y hacerlo con calidad y para presentar a las sociedades procesos capaces de llevar a nuestra fuerza productiva, a nuestros trabajadores y empleados, a nuevos niveles, a los niveles de una sociedad industrializada, una sociedad del Siglo XXI.

Les aseguro que, no sólo en República Dominicana sino en todo el continente, el futuro de nuestros pueblos radica en el diseño e implementación de un proyecto de nación en donde cada dominicano se sienta orgulloso de su trabajo productivo y de su ser ciudadano; un proyecto en donde las industrias consoliden su potencial exportador y sean fuente de trabajo formal y honesto para cientos de miles de dominicanos. Para esto, es fundamental el papel de los docentes de todos los niveles de la educación y de modo especial de la educación técnico profesional.

 

Muchas gracias!