Innovación: El nuevo reto de la industria y la nación

Proclama con motivo del Día de la Industria Nacional

Jueves 4 de abril de 2019

(Saludos).

 

Hoy celebramos el Día de la Industria Nacional y el 57 aniversario de la fundación de la Asociación de Industrias de la República Dominicana. También nos honra conmemorar el Premio al Periodismo sobre la Industria Nacional en honor a don George Arzeno Brugal y nos llena de satisfacción entregar el Galardón al Mérito Industrial Póstumo a los hermanos Juan Bautista y Felipe Vicini Cabral, dos hombres que marcaron el impulso del desarrollo productivo de nuestro país.

La industria nacional constituye motivo de orgullo para los dominicanos por ser un sector generador de riquezas, empleos y que aporta valor a lo nuestro. Somos, además, una garantía para el desarrollo sostenible de la nación.

Estimados invitados,

El presente año fue declarado por el presidente Danilo Medina como el año de la Innovación y la Competitividad, dos retos que representan la clave para incrementar la productividad de nuestras empresas y avanzar hacia la 4ta. Revolución Industrial.

El propio presidente Medina expresa en los considerandos del Decreto 453-18 que así designa este año, que la revolución tecnológica está transformando los mercados y los procesos productivos a nivel global, por lo cual se hace necesario ampliar y profundizar los procesos de modernización, innovación y competitividad de la economía dominicana. Nada más cierto e imprescindible para la industria dominicana en la actual coyuntura.

El momento es propicio para impulsar un modelo de desarrollo económico-social capaz de establecer una economía competitiva, sostenible e integradora. La innovación es el eje clave que puede articular los esfuerzos públicos y privados en una misma dirección.

El año 2018 fue declarado también por el presidente Medina como Año del Fomento de las Exportaciones. Fuimos participes de cómo las distintas instancias públicas, a diferentes niveles de la burocracia estatal, prestaron puntual interés sobre este tema.    Se sembró una semilla de atención. 

Aunque es cierto que los resultados de políticas públicas no se cosechan en un año, por sólo aunar voluntades y enfatizar la importancia de las exportaciones desde las más altas instancias del gobierno, en ese año se produjo un incremento del total de las exportaciones equivalente a un 7.8% y sólo en las exportaciones industriales un 9.0%. Es un despertar que nos llena de esperanza, luego de varios años de estancamiento.

El pasado año se prestó puntual atención a las exportaciones hacia la región de El Caribe. Es grato saber que las exportaciones al CARICOM crecieron un 15.5%  entre el 2017 y 2018. Recordamos las palabras del ministro José Ramón Peralta motivándonos a convertir la República Dominicana en el supermercado de El Caribe. A esto le podríamos añadir, ¿Por qué no ser la ferretería, la farmacia, la carnicería, el suplidor de bebidas, la tienda por departamentos y, por supuesto, el beauty supply de El Caribe, si somos la economía más industrializada de la región?

El 2018 se caracterizó por su alto crecimiento económico, estabilidad cambiaria y un incremento importante en las reservas internacionales del Banco Central.  Crecieron también el turismo y las remesas. Sin embargo, la economía demandó más divisas de las que generó y una parte importante de este déficit, fue cubierto por endeudamiento externo. El endeudamiento público no solo está cubriendo el déficit fiscal, sino también el déficit de nuestra cuenta corriente de balanza de pagos.  Por ende, sólo podremos lograr cerrar la brecha fiscal si logramos el cierre de la brecha en nuestra balanza de pagos.  Por eso, como hemos dicho en reiteradas ocasiones desde la AIRD, para mantener un crecimiento económico con estabilidad en el mediano plazo, es vital fomentar la generación de divisas y promover las exportaciones. 

Nuestros generadores de divisas crecerán en la medida que sean competitivos. La competitividad aumentará en la medida en que seamos capaces de incrementar nuestra productividad. La productividad aumentará en la medida que seamos capaces de innovar. Es una trilogía que va unida: Competitividad, innovación y productividad, como tituló recientemente el director de Competitividad, Rafael Paz, su ponencia en AIRD.

Ahora nos toca mantener la atención para poder recoger los frutos en los años venideros.  Debemos sustituir los “operativos” por planes estratégicos, seguimiento, indicadores de medición y metas claras para el corto, mediano y largo plazo.

Saludamos pues que el 2019 se declarara el año de la Innovación y Competitividad. Estamos ante una magnífica oportunidad de dotar a República Dominicana de una base fuerte para el desarrollo económico y social para los próximos años. 

Pasos al frente

Desde la AIRD proclamamos la necesidad de tomar medidas urgentes que permitan que las industrias puedan competir con rapidez y flexibilidad en el mercado internacional y en el mercado local, que hagan realidad una verdadera estrategia de fomento a las exportaciones e innovación empresarial, dando paso a un nuevo modelo productivo que nos coloque a la par de naciones que hace 40 años tenían un nivel de desarrollo similar al nuestro, como es el caso de Corea del Sur.

¿Cuáles son esas medidas y acciones urgentes?

1º. Nuestras industrias necesitan adoptar y adaptar tecnologías ya disponibles, que mejoren la productividad y la competitividad, incorporar bienes de capital avanzados e incorporar mejores prácticas.

Se hace necesario ejecutar cuanto antes las medidas propuestas en el seno del Consejo Nacional de Competitividad que constituyen una extensión de las facilidades de la Ley de PROINDUSTRIA, las cuales proveen mecanismos para estimular a las industrias a adquirir, mejorar y absorber tecnologías y capacidades para promover la innovación en productos y procesos. No se puede esperar más, puesto que se podrían perder importantes inversiones.

2º. Se requiere continuar fortaleciendo los encadenamientos con otros sectores productivos como el agropecuario, el turismo y las zonas francas para generar mayor valor agregado nacional, ahorro de divisas y exportaciones indirectas.  Para esto se hace necesaria la solución urgente de las trabas administrativas y tributarias que entorpecen estos encadenamientos. Desde finales del año pasado, estamos esperando la eliminación de los diferentes pasos que toman más de 80 días para que una empresa pueda vender insumos sin ITBIS a empresas bajo un régimen fiscal especial, mientras que la importación exenta de ese insumo es aprobada por Aduanas en tan solo un día.  

Por otro lado, ¿Cómo es posible que por la aplicación de la proporcionalidad del ITBIS la industria nacional sea penalizada al no poder compensar el pago de dicho impuesto por sus insumos, servicios y maquinarias, cuando le vende, por ejemplo, a un hotel o a una zona franca?

Amigos,

Los encadenamientos productivos son la mejor vía para elevar la productividad, la competitividad y fomentar la innovación, la transferencia tecnológica y las exportaciones indirectas. En otras palabras, es la forma más efectiva de aumentar sustancialmente el valor agregado nacional a las exportaciones de bienes y servicios que por décadas se ha deseado.

3º. Por otro lado, es necesario hacer realidad el reclamo de que las compras públicas de bienes y servicios constituyan un instrumento de política pública para fomentar el desarrollo productivo local. Aplaudimos el anuncio hecho por el Presidente de la República el pasado 27 de febrero, de que próximamente emitirá un decreto para priorizar la producción nacional en las compras gubernamentales. Y es que no debe haber excusas para no privilegiar los productos nacionales en todos los ámbitos, pues todas las compras gubernamentales de una u otra forma son parte de un plan social, ¿O acaso no es por un interés social que se facilitan  medicinas en una botica popular, o se construye una carretera o un hospital? Así también se minimiza la erogación de divisas al proveer los insumos que requieren los planes de gobierno.

Asimismo, debemos asegurarnos de no volver a prácticas del pasado en las que financiamientos bilaterales para obras o servicios imponían la obligación de adquirir materiales importados y además exentos de impuestos. Pues lo que no se produce aquí, no genera empleos aquí, no paga impuestos aquí, ni crea riquezas aquí.

4o. La reforma laboral debe ser concluida. Tenemos ya varios años sin avanzar y mientras tanto vivimos un fenómeno que nos hace mucho daño: informalidad creciente, estancamiento del empleo industrial, desnacionalización laboral, emigración de profesionales capacitados, tanto por límites del propio mercado laboral como por límites que impone el lento desarrollo tecnológico que mostramos. Aprobemos un Código Laboral que facilite el crecimiento del empleo formal y que se convierta en instrumento de inclusión laboral para cada vez más dominicanos y dominicanas.

5º. En el marco de las reformas estructurales e institucionales pendientes, se requiere que en 2019 concluyamos la firma y puesta en marcha del Pacto Eléctrico para reducir el déficit fiscal y hacer sostenible y competitivo el sector eléctrico; que ampliemos la base tributaria, reduzcamos la informalidad y simplifiquemos los procesos tributarios; que pasemos del diagnóstico a la simplificación y eliminación de las excesivas trabas burocráticas y permisos y que todas las instituciones gubernamentales se unan para dejar que la tecnología juegue el papel de facilitador de los procesos; que defendamos nuestra producción frente a las importaciones desleales y que promovamos como nación una cultura de calidad; que hagamos realidad el acceso a instrumentos de financiamiento más competitivos para el sector industrial; que nos dotemos de una ley de residuos que sirva de marco para impulsar la economía circular y la gestión integral de los residuos sin impuestos o tasas distorsionantes; y que cada día más fortalezcamos nuestras instituciones del Estado.

Señoras y señores,

República Dominicana ha sido calificada como una economía de renta media. Hemos dicho en reiteradas ocasiones que somos la envidia de otros países en cuanto al crecimiento y estabilidad macroeconómica. Sin embargo, por diversas razones, no hemos logrado reducir significativamente la brecha de bienestar que nos separa de los países desarrollados. Hemos aumentado el ingreso per cápita, las remuneraciones. Exhibimos un bajo nivel de inflación y estabilidad en el tipo de cambio, así como un déficit bajo de cuenta corriente. La Inversión Extranjera Directa ronda los US$2,500 millones en promedio en los últimos nueve años. Nuestro Índice de Desarrollo Humano se ha incrementado y mostramos un sistema financiero fuerte.

Sin embargo, debemos mirar lo que están haciendo la mayoría de los países en el mundo, apostando a sus sectores productivos, a su manufactura, a internacionalizar sus productos, a generar valor agregado y ser cada vez más innovadores. No nos quedemos atrás. Convirtamos la situación actual en una oportunidad.

Este esfuerzo debe venir acompañado de una estrategia de mediano y largo plazo que pueda romper la baja productividad y exportaciones de nuestro sector industrial en comparación con otros países,  que en ese sentido han avanzado más que el nuestro.

Acercarnos a las fronteras tecnológicas

El sector industrial dominicano está más que consciente de las transformaciones que se producen en la manufactura y en el intercambio comercial a nivel internacional. Estamos conscientes de que no responder a estos cambios a tiempo y del modo adecuado, es perder la oportunidad de constituirnos en la potencia industrial de la región que tanto hemos soñado.

Las economías del mundo se encuentran en un nuevo contexto en el que la innovación está transformando la “economía del trabajo” en una “economía del conocimiento”. Las nuevas industrias manufactureras juegan un papel trascendental en ese rumbo.

Recientemente sostuvimos un taller con expertos internacionales en el que se indicó con claridad que la clave para promover un cambio productivo en las industrias, está en lograr que las empresas se acerquen a las fronteras tecnológicas, para lo cual requieren planteamientos nuevos, incluyendo el marco legal que impulse la innovación, la investigación y el desarrollo. Las empresas necesitan dotarse de nuevas capacidades, haciendo posible dar respuestas estratégicas a los retos de su entorno.

En el Índice Global de Innovación (2018), República Dominicana aparece ubicada en el lugar 87 de 126 países. Según este estudio, los factores críticos para el país son: instituciones (lugar 83), investigación y desarrollo (lugar 105), infraestructura (74), sofisticación del mercado (73), sofisticación de las empresas (95), conocimiento y tecnología (92) y creatividad (62).

A nivel de América Latina, el país representa el 1.68% de la población y el 1.41% del PIB. Sin embargo, sólo originamos un 0.3% de las solicitudes de patentes en Latinoamérica, lo que equivale a cinco veces menos de lo que nos correspondería en razón de nuestra población y riqueza.

Tenemos un reto fundamental: acercarnos a las fronteras tecnológicas, la automatización, la inteligencia artificial, la robotización, la impresión 3D, el internet de las cosas, la economía colectiva y circular, el incremento constante de la productividad vía la innovación, entre otros aspectos que hoy están articulándose -y ya están articulados en varias economías- para producir ese fenómeno de la época que hemos llamado la 4ta. Revolución Industrial.

La cercanía o no con estas fronteras están definiendo hoy la competitividad de las naciones. Es un desafío ubicarnos en la menor distancia posible o quedarnos rezagados con lo cual, limitaríamos las posibilidades de desarrollo económico y social sostenible.

Necesitamos innovación, innovación y más innovación.

Señoras y señores, colegas industriales presentes,

Algunos pudieran opinar que hablar de innovación está de moda. Nunca hemos oído hablar tanto de innovación y nunca se había percibido como tan necesaria.

Actualmente, no son pocos los dirigentes empresariales, políticos y sociales que no nos cansamos de hablar de innovación, que proclamamos en discursos la importancia de la misma, pero la realidad es que tener un discurso genérico sobre la innovación como prioridad puede ser relativamente fácil. Sin embargo, desarrollar una cultura innovadora y un ecosistema que la facilite no es algo fácil en nuestro país.

No contamos con una política pública en el Estado para promover la innovación empresarial. Nuestros académicos confunden su alcance; las autoridades no dimensionan su importancia, no la estimulan, ni la incentivan y en muchos casos la desestimulan o colocan trabas a la inversión.

En el caso de las empresas y empresarios:

  • No dedicamos tiempo suficiente para promoverla, siendo éste el recurso más importante de una organización.
  • Paralizamos cualquier proyecto de innovación bajo el argumento de que no hay dinero, sin estar conscientes de que existen muchas formas de innovación, y que la más importante es la innovación continua en procesos de gestión, cuyo costo puede ser insignificante.
  • No puede haber innovación en empresas y organizaciones que no alimentan una cultura innovadora. Innovar en empresas con culturas poco innovadoras desmotiva a los empleados y emprendedores y no permite que se desarrollen nuevas ideas ni que estas se conviertan en proyectos.
  • Tampoco se puede promover la innovación, si no se crean estímulos al personal y no se establecen procesos de diseño e implementación de proyectos, con métricas que analicen su evolución, así como estructuras y roles que la gestionen.
  • Para innovar hay que cambiar la forma de liderar las empresas. Las industrias que no se adapten al cambio de modelo productivo que está prevaleciendo en el mundo, en las que sus líderes potencian emociones, ideas y conocimientos de forma colectiva, gestionando así el talento de forma diferente, se quedarán rezagadas. El principal freno de la innovación de muchas empresas se llama liderazgo.

La innovación no es más que dejar atrás las formas de trabajar del pasado, dejar atrás a la empresa y dejar atrás los sistemas de gestión del siglo XX. El arte de reinventarse y aprender consiste en saber destruir los hábitos que nos esclavizan y crear los hábitos que nos permiten avanzar.

Eso es innovación amigos. Si no lo hacemos y nos quedamos sólo en discursos, no vamos a poder sobrevivir en este mundo.

Tenemos muchos retos y desafíos en nuestro sector industrial, pero no debemos poner en duda que la ausencia de políticas de fomento a la innovación se ha convertido en uno de los principales factores que afectan nuestra competitividad.

Autoridades, amigos de la prensa, colegas e invitados especiales presentes, en este Día de la Industria Nacional nuestro llamado más ferviente es a caminar juntos en una alianza a largo plazo entre todos los sectores de la sociedad, para construir una verdadera cultura de innovación y un ecosistema que garantice nuestra competitividad en la 4ta. Revolución Industrial.

Hoy, en el Día de la Industria Nacional, es el momento propicio para enaltecer el compromiso de todas y cada una de las personas que trabajan en las industrias dominicanas, soñando con una nación próspera e innovadora, aportando y apostando por nuestro país, para hacernos sentir orgullosos de lo HechoenRD.

Quiero terminar estas palabras felicitando a cada una de las personas que hoy nos honramos en reconocer y a propósito de la innovación, recordando lo que una vez indicó Jack Welch, escritor y empresario estadounidense, CEO de General Electric ¨Cambia antes de que tengas que hacerlo¨.

 

Muchas gracias.

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